La dotación de profesorado: talón de Aquiles de los CEIPSO pequeños
Durante el presente curso escolar 2024/2025, la comunidad educativa madrileña está inmersa en un debate motivado por la propuesta del nuevo marco normativo establecido por la Comunidad de Madrid para la transformación de los Centros de Educación Infantil y Primaria (CEIP) en Centros de Educación Infantil, Primaria y Secundaria Obligatoria (CEIPSO) a partir de 2025.
Este planteamiento no es nuevo: los primeros Centros Públicos Integrados (CPI) en Galicia se establecieron a raíz del Decreto 7/1999, con el objetivo de ofrecer Educación Primaria y Secundaria en una misma institución, adaptándose a las necesidades de zonas rurales y evitando desplazamientos de estudiantes. Comunidades como Castilla y León y Aragón ya implementan modelos similares en sus zonas rurales, permitiendo que los alumnos cursen toda su educación obligatoria en un mismo centro.
La novedad en Madrid, a partir del curso 2025/26, es que veinticinco colegios públicos ofrecerán los dos primeros cursos de Educación Secundaria sin que los alumnos deban cambiar de centro. Este tipo de centros, que integran Educación Infantil, Primaria y Secundaria, ya existen en la Comunidad de Madrid. Hay alrededor de 40, creados en casos excepcionales. Lo que ahora se ha planteado es diferente: se trata de su generalización a todos los nuevos centros que se creen y la transformación de algunos otros. Además, se establecerá la jornada partida en los nuevos colegios públicos de Infantil y Primaria que incluyan primero y segundo de la ESO. Estas notas diferenciadoras parece que han motivado enfrentamientos entre los diferentes sectores de la comunidad educativa.
Es importante destacar que, aunque estas normativas establecen el marco general para la creación y funciona- miento de los CEIPSO, la implementación específica en cada centro puede variar según las necesidades y características particulares de cada comunidad educativa.
Esta decisión puede estar motivada por las necesidades demográficas locales, la insuficiencia de plazas de ESO en la zona, o las conveniencias de mantener a los alumnos en su entorno más cercano, promoviendo una adaptación más progresiva a los métodos de la Educación Secundaria. A lo anterior se suman, en ocasiones, la conveniencia o necesidad de rentabilizar las instalaciones y los recursos humanos existentes y, sobre todo, la respuesta a la demanda de algunos municipios o distritos con menor población y de centros de Educación Pri- maria con poca matrícula. En síntesis, se pretende lograr una mayor estabilidad emocional y educativa para los alumnos, incrementar el sentido de pertenencia al centro y mejorar la coordinación entre etapas educativas.
Lo anteriormente expuesto puede considerarse como un punto fuerte y una ventaja de esta decisión. ¿Cuáles serían las mayores dificultades o retos por superar? A nuestro juicio, los más importantes serían: la necesidad de adaptar las instalaciones y recursos a las exigencias de la ESO, la coordinación de un claustro con perfiles docentes diferentes (Infantil, Primaria y Secundaria) y la gestión de los posibles desequilibrios en la demanda de plazas en las distintas etapas.
Pero, si hay un talón de Aquiles en este proyecto, es la asignación de recursos humanos necesarios, incluidos profesores especializados en todas las materias de ESO, en los centros que tengan solo uno o dos grupos por curso. En los CEIP de línea uno, tendremos solo un primero y un segundo de ESO. Dos grupos de alumnado requieren una plantilla real de aproximadamente tres cupos de profesorado, lo que ocasionará que varias especialidades deban cubrirse con profesorado a jornada parcial. Este hecho nos avocará a tener que cubrir, año tras año, esas especialidades con interinos a tiempo parcial.
Sin embargo, esa no es necesariamente la única opción. La organización eficiente de los recursos humanos en los CEIPSO pequeños o incompletos, junto con la satisfacción del profesorado, requiere un enfoque integral que combine medidas administrativas, pedagógicas y laborales imaginativas y adaptadas a cada situación y su contexto.
Son variadas las estrategias que podrían abordar las dificultades citadas. Mencionamos algunas de ellas:
Creación de plantillas compartidas entre centros. Un mismo docente podría atender las necesidades de varios CEIPSO cercanos, especialmente en materias específicas como Música, Educación Física, Tecnología o Idiomas. Con esta opción, se maximizaría la existencia de especialistas en áreas donde la carga lectiva es menor, y se permitiría al profesorado completar jornadas laborales evitando contratos parciales. Por supuesto, no está exenta de dificultades organizativas y administrativas, como la coordinación territorial eficiente y la elaboración de horarios compatibles entre los centros que compartan profesorado.
Recuperación del funcionamiento por ámbitos. La incorporación de perfiles afines, dotando a las plantillas de esos centros de docentes con habilitación para impartir varias materias afines (p. ej., Ciencias y Matemáticas, Lengua y Sociales), permite una mayor flexibilidad en la organización de horarios y la reducción del número de docentes necesarios por centro, aunque obliga a definir una formación específica y adaptada a la organización por ámbitos.
Coordinación de los CEIPSO pequeños con los Institutos de Secundaria cercanos. En lugar de tener especialistas en exclusiva para los CEIPSO pequeños, se podría establecer un modelo de colaboración con institutos cercanos para compartir docentes en ciertas áreas. Esta opción conlleva ventajas, como la mejora de la eficiencia del sistema, al aprovechar mejor los recursos existentes, la facilitación de la transición de los alumnos al pasar de 2.º de ESO al instituto, y la reducción del número de jornadas parciales del profesorado.
CEIP+IES coordinados o adscritos. Esta fórmula puede ser útil en zonas donde la transformación de los CEIP a CEIPSO no sea viable o eficiente. Considerar modelos alternativos como CEIP+IES coordinados (sin fusión), como es el caso de los centros rurales agrupados para cubrir todas las etapas educativas, ya experimentado, tie- ne ventajas, como su adaptación a las realidades demográficas locales y la reducción de los problemas derivados de plantillas insuficientes.
En este, como en otros muchos supuestos, no habría que descartar el incremento de la estabilidad laboral mediante incentivos al profesorado. Por ejemplo, ofrecer ventajas a los docentes que acepten trabajar en CEIPSO pequeños o incompletos: puntos adicionales en el baremo de concursos de traslados, acceso prioritario a cursos de formación o becas especiales, retribución adicional por desplazamientos, etc. Estas medidas contribuyen habitualmente a aumentar la motivación del profesorado y a la estabilización de los equipos docentes.
A todo ello, en ocasiones será necesaria la ampliación de la plantilla administrativa y de apoyo, reforzando el personal no docente (orientadores, administrativos, técnicos educativos) para aliviar la carga del profesorado y mejorar la gestión del centro, lo que conlleva una reducción de las tareas burocráticas para los docentes y una mayor calidad en la atención educativa integral.
Ni que decir tiene que estas y otras muchas estrategias requieren planificación y colaboración entre la Consejería de Educación, las direcciones de los centros y el resto de los sectores de la Comunidad Educativa para garantizar su viabilidad y aceptación. A nuestro juicio, una combinación de estas medidas podría garantizar un funcionamiento adecuado y de calidad de los CEIPSO pequeños y una experiencia laboral satisfactoria para el profesorado.
